domingo, 15 de septiembre de 2013

DULCE DESPERTAR


Vuelvo a ser Copito... ¡y tengo noticias! Esta mañana me ha sucedido algo extraordinario. Cuando he abierto los ojos y me los he frotado con las patitas, ¡me he dado cuenta de que no estaba solo! Junto a mí sobresalían dos orejitas peludas y rosas, una cabecita y... ¡el hociquito de Copita!



No recuerdo muy bien qué hice anoche, pero debió ser muy divertido jeje. Copita estaba dormidita, acurrucada a mi lado, rozándome con su suave pelaje. Tímidamente, la he tapado mejor con la sábana, para que no cogiera frío. Después me he quedado observándola, sin poder quitarle ojo de encima. Estaba tan mona... ¡uys!


La he abrazado con las patas, y ella ha suspirado en sueños. Creo que a mi lado estaba muy a gusto, y yo también con ella. ¡No me arrepiento de nada que haya hecho! ¡Uys! 

Entre tú y yo, creo que me estoy enamorando de Copita, ¡uys! Aunque no se me note, claro. Bueno, hasta otro día, que hoy me toca disfrutar de esta osita tan mona. 

Les habló Copito, que está muy bien acompañado.





domingo, 8 de septiembre de 2013

MIS DIBUS FAVORITOS

Como os prometí, voy a hablaros de mis dibus favoritos. Mi mamá no me deja ver mucho la tele, dice que hay muchas cosas que los copitos no podemos ver. Pero también hay muchos dibus divertidos con los que me lo paso genial. 

Para mí, Doraemon es el mejor gato del mundo. Le gusta hacer lo mismo que a mí: dormir, comer dulces y vivir aventuras jeje. Pero yo no tengo un bolsillo mágico súper mono... ¡aunque sí tengo siempre ganas de cosquis!




Yo creo que Agallas es un copito. Siempre está asustado, pero es súper mono y le encanta que su mamá le mime. Está claro... ¡nadie le entiende por ser un copito!




Bueno, creo que ver a los Looney Tunes en pañales es muy gracioso. Sobretodo a Piolín, porque es mi personaje preferido. Estoy convencido de que también es un copito, porque esas plumitas amarillas tan monas y ese piquito... ¡uys!


Bob Esponja es la esponja más simpática del mundo. Además, es muy generosa y siempre se porta bien con sus amigos. Aunque es un poco tontita, pero eso es algo común entre copitos. Encima tiene un caracol que maúlla.. ¿será un gatito marino?


La Pantera rosa no sé si es un copito o una copita (aunque tiene el pelito como Copita, mi novia, ¡uys!). Lo que sí que sé es que es muy graciosa, sobretodo porque siempre está metiendo la pata. Pantera mala, ¡ch!






Por último, los Teletubbies son los mejores niños con televisión en la barriguita del mundo. Me encanta como mueven su naricita, y esas antenas tan monas que tienen son únicas. Creo que tienen mucha suerte de pasarlo tan bien juntos, ojalá yo pudiera jugar con ellos. Aunque no estoy seguro de que sean copitos, está claro que son muy dulces.




Como veis siempre cumplo mis promesas, ¡uys! Ale, ya sabéis cuáles son mis dibus favoritos, así que cuando queráis podéis venir a verlos conmigo.

¡Adiós!

UNA CURIOSA EMPRESA


En la fábrica de Copito no había lugar para cosas ilícitas. Por ello, Missifú acudió al despacho de su jefe. Entró tímidamente y cerró la puerta despacio.

-Buenos días, Missifú –la saludó Copito, mirándola por encima de sus grandes gafas negras-.
-Buenos días –respondió la gatita, nerviosa-. ¿Me ha llamado, señor Copito?
-Mmm sí, Missifú, te he llamado porque… -el osito suspiró, y abrió un cajón del que sacó una bolsita de tela color rosa- encontré esto en tu taquilla.
La minina movió sus bigotitos.
-Puedo explicarlo… ¡Eso no es mío!
-Missifú, los polvos pica-pica son cosa mala… ¡Estás despedida!
-¡No, señor Copito!
-No me has dejado otro remedio –el aludido movió el hocico, disgustado. Así era; había advertido a la gatita en numerosas ocasiones de las consecuencias que traería que consumiera azúcar moreno en el trabajo. Pero polvos pica-pica… ¡eso ya era pasarse!
-No volverá a pasar, señor Copito –le aseguró Missifú, llorando, con sus orejitas caídas.
-De cualquier forma, llamaré a la policía de los copitos, ellos se encargarán de que dejes esas cosas…
-¡Pero si están riquísimos! –exclamó la gata- Lo que pasa es que la gente no lo prueba porque les da susto.
-Eso da igual, Missifú; es ilegal.
-Lo que tú digas, Copito, pero pruébalo antes de decir nada.
-¡Ni hablar! –el oso se quitó las gafas, enfadado, y se levantó de su butaca.
-Vamos, tienes que probarlo.

Missifú no parecía estar dispuesta a aceptar un “no” por respuesta. Le retuvo en una esquina de la habitación, intentando meterle un puñado de polvos pica-pica en la boca. Por suerte para la minina, un poco de aquel delicioso manjar cayó sobre la lengua de Copito, que había abierto la boca un segundo para coger aire.
El oso abrió mucho los ojos, movió su hociquito y se llevó una pata a la cabeza.
-Más –pidió, con una sonrisita vergonzosa. La gatita sonrió y le dio más polvos, haciendo que Copito se pusiera colorado.
-¿A que están buenos?
-Mmm sí –admitió Copito, para después volver a ponerse serio-. Pero que nadie se entere de esto, Missifú.
-Sí, señor Copito… ¡Muchas gracias por entenderlo!

Y la gatita se marchó rápidamente, antes de que su jefe cambiara de opinión. Se internó por los pasillos de la fábrica, donde encontró a su amigo Bussy, el conejito.
-¡Missifú! –la llamó, cogiéndola con una de sus patitas blancas- ¿Qué quería Copito?
-Me pilló los polvos pica-pica…
-¡No! Seguro que ahora nos registra a todos los demás, y cuando descubra nuestro cargamento…
-No pasa nada, Bussy; le ha gustado probarlo, no va a decir nada.
-¿Le has dado polvos pica-pica a un oso? ¡Estás loca!
-No tenía otra opción –protestó ella.
-Pero Missifú, los ositos se enganchan enseguida… ¡nos va a dejar sin polvitos!
Bussy se echó a llorar, y la gatita, sintiéndose culpable, le ofreció uno de sus saquitos rosas.
-Toma unos polvitos más –le ofreció. El conejito dejó de llorar, y con una patita temblorosa, se tomó todo el contenido del saquito, sonriente.
-Gracias, Missifú.
-De nada, Bussy.

Missifú siguió andando por los pasillos de la fábrica. Había una idea brillante intentando hacerse un hueco en su azucarado cerebro. Cada vez disminuía más la cantidad de proveedores de polvos pica-pica, y si conseguía que Copito se aficionara a ellos, tal vez el oso se vería interesado en producirlos él mismo. ¡Podrían utilizar la fábrica! También harían azúcar moreno, por supuesto. Satisfecha por sus ocurrencias, Missifú corrió hacia la puerta del negocio, para después dirigirse hacia una esquina de las desiertas calles por las que se internaba.
-¡Oliver! –llamó a su amigo, que no tardó en aparecer.
Aunque en esta ocasión, el gato Oliver venía acompañado de una osita rosa.
-¿Qué pasa, Missifú?
-¡Tengo un plan!
-A ver qué es esta vez…
-Es de verdad, Oliver; hoy no vengo a proponerte una tienda de ovillos de lana.
-Espero que tampoco una de piñatas de ratones.
-No, hoy… -la minina se calló, miró a la osita y preguntó: ¿Es de fiar?
-Sí, es mi mejor clienta de azúcar moreno.
-Siendo así… ¡Vamos a fabricar nuestros productos en el negocio de Copito!
-¿Cómo vamos a hacer eso? –inquirió la osita- Mira que él se asusta enseguida.
-¿Y tú quién eres? –preguntó Missifú- Yo lo conozco de hace muchos años, trabajo en su fábrica.
-Pues yo soy Copita –respondió la aludida, hinchando su pecho de orgullo- y soy la novia de Copito.
-¡Ala! Pues no creo que le guste que tomes tanto azúcar moreno.
-Si él también toma.

Missifú movió sus bigotes, pensativa. Sin duda su idea había sido buena, pues si el oso se estaba aficionando al azúcar moreno y a los polvos pica-pica, no tendría inconveniente en ayudarles.

-Entonces, ya tenemos local –afirmó el gato Oliver-. Solo falta que ese osito nos contrate… aunque con Copita no tendrá problema.
-¡Uys! –la aludida se llevó una patita al hocico, vergonzosa, pues todo el mundo conocía su relación con el oso.


Pero lo cierto es que no hubo problema; al llegar la tarde varios de los amigos gatos de Oliver y él mismo fueron contratados. En cuanto a Copita, Copito la nombró su secretaria personal. La ilícita empresa estaba en marcha... ¡y muchas eran las patas implicadas!


UN DÍA SIENDO COPITO

¡Hola! Hoy voy a hablaros de cómo es mi día a día... 

Primero, mi mami viene a despertarme. Suelo ser muy dormilón, por lo que la tarea no es nada fácil.

¡NOOO! ¡CINCO MINUTITOS MÁS!

Después, cuando me he levantado, desayuno frutita, terroncitos de azúcar y chocolate caliente. Sin mi azúcar matutino no soy persona, ¿sabes? Es como mi café para despejarme jeje. Cuando he terminado de desayunar...

TAREAS:
-Ser mono.
-Pedir cosquis.
-Recibir mimos.
-Dar mimos.









ME NIEGO A PAGAR IMPUESTOS


Cuando termino mis agotadores deberes como osito de peluche, mi mamá me da de comer y toca siesta. Después de la siesta, suelo contactar con mis amigos y discuto asuntos privados de copitos.

¿CREES QUE REMITIRÁ LA CRISIS DE AZÚCAR?
¿ES CIERTO QUE LA VENTA DE PLÁTANOS HA AUMENTADO?

COMO TE LO CUENTO: ¡ME QUITAN LAS JIRAFAS DE LAS MANOS!


¿DIJERON GALLETITAS?

Cuando termino de hablar con mis amiguitos, escribo mis memorias y actualizo este blog. Aunque me cueste voluntad hacerlo... ¡uys! Los copitos no estamos hechos para trabajar. Una vez he cumplido con mis obligaciones, llamo a Copita y... ¡no seas cotilla, son cosas privadas! Luego me dan de cenar, y ya más tarde me relajo un rato leyendo antes de acostarme.

SOY UN COPITO LECTOR.


Y SE ACABÓ EL DÍA... ¡HASTA MAÑANA!

Les volvió a hablar Copito... ¡hasta la próxima!


viernes, 6 de septiembre de 2013

MIS GUSTOS

Hola de nuevo... Soy Copito. Me gustaría hablaros de mis gustos y aficiones. 

Mi dueña bien sabe que soy un osito muy mimoso y algo que me encanta... ¡son las cosquis!

¡HAZME COSQUIS!



Además, paso las horas viendo Cuánto Gato jiji es una página súper mona.



También me encanta perderme entre el algodón de azúcar... aunque mi mami no me deja tomar demasiado... ¡uys!



Suelo escribir bastante, así subo cosas a este blog para que todos las podáis leer (de nada, ¡uys!).

COMO VEIS, ESCRIBO MIS MEMORIAS.

Además me encanta tomar terrones de azúcar... ¡y todo tipo de caramelos monos!



Aunque sea difícil de creer, hay muchas cosas que no me gustan. Lo primero que odio en el mundo, ¡es que se me rompan las piruletas!

FUE BONITO MIENTRAS DURÓ.


Tampoco me gustan los sitios oscuros, porque me dan mucho miedo.

¿HAY ALGUIEN AHÍ? ¡UYS!

Otra cosa que odio son las golosinas que tienen formas de insectos... ¡qué asco! (aunque si son mariquitas no pasa nada).



Y bueno, algo que me encanta hacer es tocar la guitarra o mis bongos (aunque siempre los llamo "bombos").



Eso ha sido todo por hoy... ¡Otro día os enseñaré cuales son mis dibus favoritos! Hasta pronto.






¡HE CONOCIDO A COPITA!

Hola, ¿me habéis echado de menos? Como copito que soy, no suelo hacer cosas ilícitas (como rozar con la patita a una copita… ¡uys!). Pero hoy ha pasado algo muy raro. Iba de camino a mi fábrica de terrones de azúcar (cuya historia os contaré otro día, que soy un copito y no me da para tanto), y me encontré con una osita de pelaje rosa, que me miró y al momento escondió su cabeza entre las patas, para después exclamar “¡Uys uys uys!”. Después me miró, vergonzosa, y me ofreció una de sus rosadas patitas suaves para que se la estrechara.

-Mmm hola –me saludó, moviendo su hocico.
-Mmm sí… ¡Hola! –respondí, asintiendo con la cabeza y cediendo a entregarle mi patita. Cuando nuestros pelajes se rozaron, los dos nos sonrojamos.
-Me llamo Copito –me presenté, en voz baja-. ¿Y tú?
-Yo me llamo Copita.
-Eso quiere decir que… somos copitos –sentencié. Ella se llevó una pata al hocico, abriendo muchos sus ojitos.
-No es posible, ¡uys!
-Me temo que sí, Copita.
-Siendo así –respondió ella, encogiéndose de hombros y sonriendo, para después mover nuevamente su hociquito-. ¿Vamos a por unos terroncitos?
-Mmm sí.

Me cogió de la patita y me llevó a una esquina cercana, donde no había nadie.
-¿Por qué nos paramos aquí? –le pregunté, asustado al comprobar que todo estaba muy oscuro.
-Porque así nadie nos verá, tontito.
-¡No me llames tontito!
-Es que eres un copito… ¡los copitos sois tontitos!
-Tú también eres tontita… ¡pavita!
-¡No me llames pavita! ¡Malo! –Copita se apartó de mí, y se echó a llorar, sus lágrimas azucaradas caían de sus ojos. Vi que me ponía pucheros.
-No seas llorica, Copita.
-¡No soy una llorica! –me chilló, al tiempo que sus lágrimas seguían cayendo, acompañadas por un alubión de sollozos. Me reí sin poder evitarlo, provocando que ella siguiera llorando.
-No te das cuenta jaja. Si me dices que no eres llorica… ¿por qué lloriqueas?
Copita se detuvo y movió nuevamente su hocico.
-Uys –susurró, y con una pata se limpió las lágrimas-.
-¿Ves? Eres una pavita.
-Y tú un tontito.

-¿Vais a empezar otra vez? –inquirió una voz detrás de nosotros. Nos dimos la vuelta, asustados, pero nos relajamos al encontrarnos con un gato de aspecto afable. Tenía el pelaje blanco, con manchas negras repartidas entre el lomo y la barriga, además de una cerca de su hocico, que le otorgaba un aire distinguido.
-¿Quién eres? –pregunté, acercándome al minino.
-Es el gato Oliver –me respondió Copita, adelantándose-. Y es mi amigo.
-¡Ah! Siendo así…
-Bueno, Copita, ¿te pongo lo de siempre? –inquirió Oliver.
-Sí, porfis –respondió la osita.
-Aquí tienes.
Me llevé una pata al hocico al percatarme de que el gato le tendía un sobre de azúcar moreno a Copita.
-¡Eso es…ilícito!
-No pasa nada, Copito. Es azúcar muy dulce, ya verás como te gusta…
-No, Copita, el azúcar moreno es ilegal… ¿Qué será lo siguiente? ¿Polvos pica-pica?
-¡Estás loco! –exclamó Copita, indignada- Solo los copitos locos toman polvos pica-pica.
-Por algo se empieza –le advertí.
-Mira, osito, ¿por qué no lo pruebas? –me sugirió el gato Oliver- No sabrás si es bueno si no lo pruebas.
-No pienso probar eso.
-Vamos, Copito… hazlo por mí –me suplicó Copita. Vi que se llevaba el sobre a la boca… ¡y tomaba parte de su contenido! Estudié su rostro después. No parecía estar mal, no había motivo para asustarse. Los copitos siempre hacemos leyes basándonos en el miedo, seguramente un copito se había asustado al verlo y lo había prohibido. Cogí el sobre mientras seguía dando aquella argumentación en mi cabeza, convenciéndome de que no había peligro.

Granos de azúcar moreno cayeron en mi boca, siendo paladeados por mi lengua y fundidos en mi saliva.
-Está…muy…¡bueno!
-Pues claro, tontito.
Y nos acabamos el sobre entre los dos. Cuando terminamos, sentíamos que nuestros hocicos estaban dulces, y nuestras barriguitas felices. Copita se acercó para darme un besito… ¡uys!
-Copito… ya nos veremos –se despidió, y salió corriendo, sin dejar de susurrar “uys uys uys” hasta que la perdí de vista. El gato Oliver emitió una risita, y cuando quise darme cuenta ya se había marchado, portando con él el cargamento de azúcar moreno.


Y así es como he conocido a una copita súper mona. El único problema es que he tomado azúcar moreno y eso está mal… ¡Así que no le cuentes nada a nadie!


Hasta pronto, les escribió Copito.



¡Uys! Copita me ha dado un besito.


jueves, 5 de septiembre de 2013

COSAS DE MAYORES


Copita y Copito eran dos ositos que vivían en una tienda de ropa para niños. Allí se sentían a gusto entre las sonrisas de los niños y el olor a ropa nueva. Eran muy felices juntos, sentados en un adorable banquito de madera situado frente al escaparate. Por él veían la vida pasar, y en especial solían contemplar a una pandilla de gatos. Una tarde de domingo, la dueña de la tienda cerró, y como cada vez que se quedaban solitos, los copitos aprovecharon para hablar entre ellos.

-Copita, hace mucho que he estado pensando… -Copito se rascó detrás de sus orejitas, y centró sus ojos color caramelo en la tímida y dulce osita.

-¿Qué has estado pensando? –preguntó ella. Su amigo suspiró como solo los copitos saben hacer, y vergonzoso, se atrevió a responder.

-Quiero…mmm…darte un beso –dijo, tartamudeando de puro nerviosismo. Copita abrió mucho sus ojos, sin poder creer sus intenciones, y azorada, apartó la mirada.

-¿Por qué quieres hacer eso, Copito? –inquirió, algo enfadada- ¡Esas son cosas de mayores!

-Pero los copitos… los copitos podemos hacer cosas de mayores –respondió, y muy triste, se fue corriendo. Más tarde, Copita descubrió que se había marchado de la tienda por un hueco en la pared… y una lágrima de agua azucarada resbaló por su mejilla.

Días más tarde, Missi y Manchitas, dos gatitos muy traviesos, jugaban en la calle a Piedra, Papel o Perro. Cansada de perder contra Manchitas, la gatita Missi se fue hacia el escaparate del hogar de su amiga Copita. De repente, observó algo espantoso.

-¡Manchitas! –chilló, horrorizada.

-¿Qué pasa, Missi? –inquirió el gato, corriendo a su encuentro.

-Mira, Copita está sola –le señaló, sacudiendo su cabecita-. Parece triste, creo que Copito se ha marchado.

-No puede ser, él jamás haría eso –susurró Manchitas, pero en el fondo sabía que así había sido.

-Tenemos que hacer algo, vamos… ¡hay que investigar!

Y así lo hicieron, pasaron dos días enteros reuniendo pistas sobre el paradero de Copito, pero el osito parecía haber desaparecido. Con las patas cansadas, decidieron descansar en una esquina de la calle, donde encontraron a un triste osito tiñoso, que lloraba junto a un sobre de azúcar moreno,cuyo contenido se llevaba una y otra vez a la boca.

-¡No, Copito! –le advirtió Missi-. Si te tomas ese azúcar te pondrás enfermo, los copitos solo podéis tomar azúcar blanco.

-Me da igual, Copita no me quiere –lloró, Manchitas se acercó a él y le arrebató el sobre.

-La has dejado sola, en esa tienda tan grande –le reprochó, Copito apartó sus ojos de caramelo, avergonzado-. Eso no se puede hacer, pase lo que pase tenemos que apoyarnos los unos a los otros.

-Pero Copita… ella no quiso… besarme…

-Y tú la has fallado –dijo el gato, y soltó una bola de pelo, indignado-. No eres digno de ser un copito.

Copito levantó la cabeza, y arrepentido, escupió el azúcar que le quedaba en la boca.

-Tienes razón, Manchitas –afirmó-. Tengo que volver y demostrarle que soy un buen copito, y que siempre la voy a apoyar.

No se detuvo a hablar más, corrió hacia la tienda en la que cierta copita empezaba a impacientarse, sintiéndose despeluchada.

-Copita –la llamó al entrar, sentada en el banquito, la osita se volvió para mirarle.

-¡Copito! –gritó con alegría, y acudió a su encuentro cual estrella fugaz, para después fundirse en un cálido abrazo con el osito.

-Lo siento –lloró este último-.

-Tenías razón, Copito –respondió Copita-. Los copitos también podemos hacer cosas de mayores.


Y dejó escapar un dulce beso en el hocico de Copito.